20090719

tenía que contarlo

ayer desperté solo en esta cama. alba deviene caótica y extraña, y mis declaraciones de amor hacia ella son tan escasas como verdaderas. es, para mí, como un espejo en el que me veo en pasado, presente y futuro, un caos harmónico que me ayuda y me entorpece. al ritmo de estas, nuestras vidas casi paralelas, ella destrenzaba su feminidad impoluta, se sometía a las reglas del juego, mientras en la habitación de al lado yo me despertaba solo, ante una llamada importante. no pude volver a adormilarme, encendí el portátil y me puse a leer el blog de pedro almodóvar, el cual me gusta revisar de vez en cuando. la cuestión es que en él leí sobre un tema que le obsesiona de hace varias semanas, una canción de leonard cohen versionada por philip glass. como todo lo que él expone, tanto en su blog, libros y películas despierta absolutamente mi interés, me puse a buscar algo de philip glass, redescubriendo que es el compositor de la maravillosa banda sonora de the hours. así, la mañana de ayer estuvo empapada por unos acordes repetitivamente dramáticos, de una belleza sublime, perfecta. si algo gusta al ser humano es buscar similitudes, creer que hay puntos de nuestra vida que se conectan entre sí, inventar casualidades. supongo que un poco, debido a la falta de sentido que a veces tenemos. siguiendo los dominios de un caballo desbocado, tuve bien en aceptar la invitación de alguien que conocí hace unas semanas, y ya al caer la tarde, antes que la lluvia salpicara las calles de parís, llegué a mi destino. era un apartamento blanco, en forma de triángulo, pero un triángulo escaleno que une casualidades en ángulos imperfectos. en uno de esos discordantes rincones, rodeado de libros y postales antiguas, había un piano de cola negro. él empezó a tocar, ignorando el placer que en mí producía y ahora sólo recuerdo que el tiempo dejó de alterarme.
ya para entonces el milagro estaba en el aire.